Dientes - Nada y Ningún
No es un universo interesante. Me fijo en las cosas y ellas en mí. Eso es todo. No hay nada más.
No es un universo sofocante de tinieblas y oscuridad. No es. Simplemente no es un universo.
Me rodea con sus alas de insecto. Son alas porque son grandes y de insecto por ser desagradables.
Los insectos me atemorizan tanto como los austeros bordes de las aceras. Me dan miedo. Sueño con caídas infinitas que terminan con mis dientes sobre ellos.
Sangro.
Muerdo.
Pero muerdo sin dientes porque me los he roto sobre el borde de la acera. Salen trenes de palabras humeantes por el frío ensordecedor que me atrapa al sentir que mis dientes saltan corriendo de mi boca y huyen del calor de la sangre que brota de mi cavidad bucal cuando al final de la caída se estrella contra el borde de la acera.
Son sueños recurrentes. Caídas, boca sin dientes, sangre caliente, frío envolvente. Creo que todo ello me dice que hay algo que quiero decir pero que no puedo hacerlo porque si lo hiciera salpicaría con mi mentira a los que me rodean.
Las palabras sinsentido siempre son más interesantes que los razonamientos sofísticos porque dicen mucho más de las personas que lo dicen que cuando dicen lo que piensan pensando lo que quieren decir.
Los juegos de palabras fluyen cuando no se piensa en encontrarles sentido alguno. Si alguno de los sentidos influyera sobre las palabras, éstas dejarían de tener su propio sentido para poseer el de los sentidos.
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A veces Algo te inspira y escribes sobre Nada. Me encanta escribir sobre Nada y pensar en Nada. Nada es muy interesante. Nada es muy pícara. Nada es como todas. Simplemente está ahí esperando a ser atendida, pacientemente, detrás del mostrador de las recetas de Algo. Cuando Algo le da a Nada una de sus recetas ésta se encuentra mucho mejor y deja de ser Nada para transformarse en parte de Algo. A él le encanta. Le embarga repartir partes de sí mismo a Nada y a Ninguno.
Ninguno y Nada se conocieron detrás de la barra de un bar. Detrás porque yo estaba delante. Me deleito conociendo a gente que se acaba de conocer. Por eso estoy delante de una barra, que no detrás; al menos desde mi punto de vista. Nada y Ninguno estaban predestinados a conocerse. Entraban siempre a la misma hora y se iban a la misma hora. Pero nunca coincidían. Nada venía y se iba antes de que Ninguno llegara. Parece que Ambos era amigo de Nada y Ninguno y así se conocieron. Ambos quedó un día con Ninguno un poco antes de la hora habitual de llegada de Ninguno y Nada estaba allí. Nada había vuelto de tomarse lo que Algo le había recetado y estaba preciosa. Cuando Ambos vio a Nada no dudó en acercarse y presentarle a Ninguno. Fue maravilloso verles juntos por primera vez. Nada ya se había tomado Algo y Ninguno y Ambos estaban de muy buen humor, por lo que Ninguno aprovechó para tomarse lo que Ambos le había recetado hacía unas horas. Qué maravilla cuando Nada y Ninguno formaban parte de Algo. Ambos se dio cuenta y no quiso interponerse entre ellos. Se miraron y Nada le dijo a Ninguno que si subía a su casa a tomarse Algo. Ella siempre tenía Algo de sobra en su casa. Se gustaba más cuando era parte de Algo que cuando era Nada. Y eso mismo sentía Ninguno. Por lo que empezaron a salir juntos y Nada y Ninguno siguieron tomando partes de Algo y poco a poco se transformaron en Todo.

